En una reciente encuesta realizada a mis estudiantes del III curso de secundaria, me expresaron, la gran mayoría de ellos, que consideraban que las clases de Historia eran monótonas, aburridas, tradicionales, que no entendían realmente por qué debíamos estudiar hechos y fechas que habían ocurrido en el pasado ya que no era, según ellos, lógico aprender aspectos que nos les iban a dejar un aprendizaje significativo para sus vidas.
Como profesora de Historia inicié un proceso de reflexión y trate de recordar como habían sido mis maestros de Historia, vaya sorpresa que me lleve, yo al igual que ellos consideraba que la Historia era aburrida, sin sentido, tediosa, y lo peor era pensar que todos esos datos, nombres extraños y fechas las debía aprender de memoria, ya que se avecinaban esos famosos exámenes de fin de ciclo escolar, en el cual nos evaluaban todo el contenido visto en clase.
No fue hasta mi primer curso de secundaria, en donde tuve un profesor que marcó una diferencia; propuso clases distintas, trabajos prácticos, conversatorios, crónicas, y lo mas impactante me mostró que la Historia no era lineal, no era solo el pasado; nos enseño que nosotros eramos parte de esa Historia y que podíamos cambiar el curso de la misma.
Considero que como profesores de Historia, debemos cambiar la metodología tradicional de la enseñanza de la misma, estar actualizados con las nuevas tendencias educativas y lo mas importante evidenciar cuáles son los intereses de nuestros estudiantes, para lograr que ellos se identifiquen con una Historia que también es nuestra.
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